El valle de Ossau :              
                 Cultura y Memoria



Pierre de Gorsse
Pireneos y Costa Vasca

Les EAUX Bonnes.


intorescamente expuesta al amparo de la montaña verde, Eaux Bonnes conocieron antaño una prosperidad muy superior a su fama actual. En el siglo XIV, Gaston Phébus, soberano de Béarn, las frecuentaba, no para beber de sus fuentes o para bañarse allí, Aigues-Bonnes era para él sólo una cita de caza.
    A la encantadora reina Margarita de Navarra le gustaba venir allí, para romper con la etiqueta. Michel de Montaigne llamaba gramontesas a estas fuentes, del nombre de la familia de Gramont que las poseía y Jean d' Albret, compañero de Francisco I en la batalla de Pavía, las bautizó como aguas de arcabuz, a causa de sus efectos saludables sobre los bearneses heridos en la campaña de Italia. Henri IV las apreciaba también, pero por otros títulos, prefiriendo a sus virtudes curativas la ausencia total de virtud de las jóvenes que llevaba allí. A la Srta. de Montmorency-Fosseux, dama de honor de la reina, le gustaban las golosinas y el rey supo colmarle de ellas. Para ocuparse mejor de ella, la llevó a Bonnes, al mismo tiempo por otra parte que a la Srta.de Rebours, otra dama de honor con la cual tenía unas bondades; pero ambas bellas se pelearon a ver quié era la mejor. Al haber sido preferido Fosseuse, Rebours se fue dando portazos para ir revelarle todo a la reina Margot, que declararía que estas revelaciones le hicieron "soltar tantas lágrimas" que, el Verde Galante y su mujer amada "bebían gotas de agua donde estaban". Estas lágrimas no impresionaron en absoluto a ambas parejas y Fosseuse escribe que en ningún otro lugar "la vida y la vista eran tan alegres como en Eaux Bonnes".
     Théophile de Bordeu, que era oriundo de estos lugares, consagró el mérito de estas aguas "especializándolas". Las de Barèges parecían mejores para la curación de las heridas de guerra; la virtud cauterizante de las fuentes de Aygues-Bonnes le pareció hacía maravillas en las afecciones del pecho, para las cuales las reservó. Sin embargo fue sólo en el siglo XIX cuando conocieron una fama apreciable.
    Al principio de septiembre de 1840, Gustave Flaubert las introduce en la literatura. Al llegar a esta garganta estrecha, debió andar rápidamente, "escuchando el ruido del agua y mirando a las cumbres de la montaña, sobre un camino que serpentea a lo largo del torrente suspendido de los peñascos como un gran lagarto blanco". Modestas eran estas termas, pero sin embargo bastante semejantes a otras, porque "todos los establecimientos termales se parecen: un bar, bañeras y el eterno salón para bailes que se reencuentra en todas las aguas del mundo. La frecuentación de los extranjeros da un aire más despierto a los habitantes de las aguas que a los de los valles inferiores, cuyo carácter exterior es más grave".
     Las distracciones allí apenas eran brillantes. En la temporada que hizo allí en 1850, Henri Nicolle se queja de la monotonía de las noches. "De vez en cuando, sin embargo, se organizan veladas de baile; se nombran comisarios; se arrancan todas las flores de la montaña; uno o dos pares de montañeses en traje nacional, son también requeridos para hacer el ornamento más bello de la puerta del baile y los músicos, revueltos en una diligencia, con los peluqueros y los heladeros, llegan de Pau. ¡Es todo un sarao !"
    "Unas veces, dice por su parte Hippolyte Taine, un empresario de entretenimeintos públicos se dispone a animar las tardes; una elocuente anuncia el día del pato. Se ata una vara a un árbol, una cuerda fina a la vara, un pato a la cuerda fina; los personajes más graves siguen con marcado interés estos preparativos. Vi gente, que bailan en la Ópera, haciendo círculo una larga hora al sol, para asistir a la decapitación del pobre colgado. Si usted tiene el alma generosa y está ávido de emociones, le da unos céntimos a un niño, al que se le pone una banda sobre los ojos, se le hace girar sobre sí mismo, se le pone un mal sable en la mano y se le empuja hacia adelante, en medio de las risas y gritos de la asistencia. "¡A la derecha! ¡A la izquierda! ¡Hola! ¡golpea ! ¡hacia adelante!" Él no sabe a quién atender y corta el aire. Si por un gran azar alcanza al animal, si por un azar más grande aún, le toca el cuello, si finalmente de milagro separa la cabeza, se lo lleva, lo cocinan, se lo comen. De hecho divertir al público no es difícil. Si se anunciara que un ratón se ahogaba en una charca, correrían allá como si hubiera fuego..."
Taine reconoce sin embargo su sorpresa cuando descubrió esta encantadora estación: "Pensaba encontrar aquí el campo : un pueblo como hay tantos, tejados largos, de cañizo o teja; paredes cuarteadas, puertas deformadas y en las patios una confusión de carretas, haces de leña, herramientas, animales domésticos, en fin, todo el abandono pintoresco y encantador de la vida rústica. Encuentro una calle de París y los paseos del bosque de Boulogne...
    "Este pueblo singular -un pedazo de ciudad extraviado en un barranco, dirá la Sra. Amable Tastu con su sentido de la poesía- prueba a extenderse cada año y, con gran pesar, es tan angosto y ahogado; se rompe la roca, se abren zanjas, se suspenden las casas por encima del torrente, se pegan otras a la montaña, se hacen subir sus chimeneas hasta las raíces de las hayas; se produce así detrás de la calle principal un callejón triste que se ahueca o se levanta como puede; cenagoso, con pendientes precipitadas, a medias poblada de puestos provisionales y de cabañas de madera donde se acuestan los artesanos y los guías; finalmente desciende hasta Gave, todo lo largo adornada de colgaduras de ropa blanca que se seca y que se lava en el mismo lugar que los cerdos."
     A esta descripción un tanto irónica, preferimos la hecha en 1841 por Adolphe Moreau, agente de cambio y bolsa parisiense, que, comprendiendo que esta estación debía atraer a numerosos visitantes, hizo de mecenas generoso. Fue lo bastante hábil para interesar por su iniciativa a tres veraneantes bien dispuestos en favor de una aldea totalmente descuidada por su ediles campesinos

Nuestro agradecimiento en particular a Eduardo Fdez Vallés que asumió la parte esencial de la traducción del sitio en español.



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